SABÍAS QUE ? Nace Zurbarán (1598)

¿SABÍAS QUE…?

 

1. En total, en la «marcha verde» participaron unos 250.000 civiles (fuentes marroquíes hablan de 350.000) y 25.000 soldados marroquíes.

2. El Gobierno marroquí puso a disposición de su pueblo cerca de seiscientos camiones, en cuyos remolques podían hacinarse más de cincuenta personas.

3. Al pisar suelo saharaui, muchos civiles marroquíes se arrodillaban, rezaban y besaban la arena del desierto, según ABC, por «la mucha alegría que les embargaba pisar la tierra de sus antepasados, cosa que no habían podido hacer desde hacía noventa años».

 

7 de noviembre

 

 Nace Zurbarán (1598)

El 7 de noviembre de 1598 nació en Fuente de Cantos (actual provincia de Badajoz) el que se convertiría en una de las grandes figuras de la escuela nacional de pintura del siglo XVII, «adscrito» al grupo andaluz. Formado en la objetividad naturalista, Francisco de Zurbarán, fue, sin embargo, un artista barroco que dejó numerosas creaciones magistrales por la firmeza de su dibujo, el carácter que supo dar a sus figuras y el maravilloso dominio del claroscuro. Ahora bien, el pintor extremeño acusó pronto la influencia tenebrista de los cuadros de Ribera llegados a España y se consagró a la pintura devota y ascética con marcada preferencia por las figuras varoniles de religiosos. Por ellos se le suele llamar «el pintor de los frailes», ya que fue el artista predilecto de mercedarios, jerónimos y, sobre todo, cartujos.

Los investigadores distinguen dos fases en su pintura: la primera (1625-1650) se caracteriza por la sencillez de composición, el detenido estudio del natural, ciertas notas tenebristas y la falta de acierto en la representación de lo sobrenatural; y la segunda (1650-1664) por la templanza y suavidad con que pintaba el natural —quizá influido por Murillo— y una especie de primitiva valentía. Corresponden a la primera fase la serie de cuadros de la vida de san Buenaventura, de la que se consideran obras maestras San Serapio (1627), Exposición del cuerpo de san Buenaventura (1629), San Hugo en el refectorio de los cartujos (1630), la Apoteosis de santo Tomás de Aquino (1631), la cual, a pesar del tema, fue resuelta con sentido realista, cuya unidad es más bien emocional que formal, y las naturalezas muertas Bodegón con cacharros (1636) y Agnus dei (1640). Zurbarán fue también un excelente retratista, como puede apreciarse en las santas (Águeda, Apolonia, Margarita o Marina) que realizó en distintos años, cuyos modelos eran jóvenes de la época. De su segunda fase destacan los tres cuadros de la Virgen de los cartujos (1655), San Francisco de rodillas con una calavera (1658) y la Concepción (1661).

Zurbarán estuvo en Madrid pintando los Trabajos de Hércules (1633) y la Defensa de Cádiz contra los ingleses (1634) para decorar los salones del Palacio del Buen Retiro. Después volvió a trabajar en Sevilla, Guadalupe y Jerez, pero, cuando se produjo la profunda crisis económica de los años cincuenta y se vio envuelto en pleitos por asuntos «polifamiliares» —enviudó dos veces y se casó tres—, no tuvo más remedio que viajar de nuevo a la capital (1658) para ganarse la vida o bien realizando encargos, o bien en la Corte… Pero nada de eso ocurrió. En la capital malvivió hasta 1664 sin obtener el reconocimiento que esperaba y se merecía.


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